Pensamiento orgánico

20 Julio 2009

Los partidos políticos han alcanzado tal grado de madurez en la democracia española que son capaces de pensar por sí mismos, orgánicamente. De ahí que los miembros y cargos electos renuncien al pensamiento autónomo, y confíen en que sea el partido quien piense por ellos. De paso, se garantiza la bendita unidad, que a los españoles nos gustan los partidos de una pieza, y lo contrario es un sindiós.

Así que el partido, sabedor de que sus miembros esperan ávidos su sabiduría orgánica, da a luz cada mañana la consigna del día, el argumentario o, en tiempo de elecciones, el manual de campaña. La vida política se convierte así en pura rutina, previsible, tan sólo alterada cuando alguien se sale del guión.

Lo vemos continuamente: dirigentes, portavoces y cargos electos que funcionan como ventrílocuos, repitiendo papagayamente la consigna que toca en cada momento, sin salirse del discurso pase lo que pase. Se ve estos días con el debate sobre la financiación, donde unos y otros repiten las consignas a favor o en contra, y de ahí no se mueven.

Que la clase política renuncie a la capacidad de pensar no es noticia, lo sé. Es síntoma de la salud democrática de este país. El problema es cuando ese tipo de disfunciones se contagia a los medios de comunicación, y desde ahí a los ciudadanos.

Isaac Rosa, el otro día en Público. Visto a través de Ideas en lata.


¡Alza los ojos!

19 Noviembre 2008

Wolfgang Amadeus Mozart – Clarinet Concerto in A Major

“Lo siento, pero no quiero ser emperador. No es lo mío. No quiero gobernar o conquistar a nadie. Me gustaría ayudar a todo el mundo, si fuera posible: a judíos, gentiles, negros, blancos. Todos nosotros queremos ayudarnos mutuamente. Los seres humanos somos así. Queremos vivir para la felicidad y no para la miseria ajena. No queremos odiarnos y despreciarnos mutuamente. En este mundo hay sitio para todos. Y la buena tierra es rica y puede proveer a todos. El camino de la vida puede ser libre y bello; pero hemos perdido el camino. La avaricia ha envenenado las almas de los hombres, ha levantado en el mundo barricadas de odio, nos ha llevado al paso de la oca a la miseria y a la matanza. Hemos aumentado la velocidad. Pero nos hemos encerrado nosotros mismos dentro de ella. La maquinaria, que proporciona abundancia, nos ha dejado en la indigencia. Nuestra ciencia nos ha hecho cínicos; nuestra inteligencia, duros y faltos de sentimientos. Pensamos demasiado y sentimos demasiado poco. Más que maquinaria, necesitamos humanidad. Más que inteligencia, necesitamos amabilidad y cortesía. Sin estas cualidades, la vida será violenta y todo se perderá. El avión y la radio nos han aproximado más. La verdadera naturaleza de estos adelantos clama por la bondad en el hombre, clama por la fraternidad universal, por la unidad de todos nosotros. Incluso ahora, mi voz está llegando a millones de seres de todo el mundo, a millones de hombres, mujeres y niños desesperados, víctimas de un sistema que tortura a los hombres y encarcela a las personas inocentes. A aquellos que puedan oírme, les digo: “No desesperéis”. La desgracia que nos ha caído encima no es más que el paso de la avaricia, la amargura de los hombres, que temen el camino del progreso humano. El odio de los hombres pasará, y los dictadores morirán, y el poder que arrebataron al pueblo volverá al pueblo. Y mientras los hombres mueren, la libertad no perecerá jamás. ¡Soldados! ¡No os entreguéis a esos bestias, que os desprecian, que os esclavizan, que gobiernan vuestras vidas; decidles lo que hay que hacer, lo que hay que pensar y lo que hay que sentir! Que os obligan a hacer la instrucción, que os tienen a media ración, que os tratan como a ganado y os utilizan como carne de cañón. ¡No os entreguéis a esos hombres desnaturalizados, a esos hombres-máquina con inteligencia y corazones de máquina! ¡Vosotros no sois máquinas! ¡Sois hombres! ¡Con el amor de la humanidad en vuestros corazones! ¡No odiéis! ¡Sólo aquellos que no son amados odian, los que no son amados y los desnaturalizados! ¡Soldados! ¡No luchéis por la esclavitud! ¡Luchad por la libertad! En el capítulo diecisiete de san Lucas está escrito que el reino de Dios se halla dentro del hombre, ¡no de un hombre o de un grupo de hombres, sino de todos los hombres! ¡En vosotros! Vosotros, el pueblo tenéis el poder, el poder de crear máquinas. ¡El poder de crear felicidad! Vosotros, el pueblo, tenéis el poder de hacer que esta vida sea libre y bella, de hacer de esta vida una maravillosa aventura. Por tanto, en nombre de la democracia, empleemos ese poder, unámonos todos. Lucharemos por un mundo nuevo, por un mundo digno, que dará a los hombres la posibilidad de trabajar, que dará a la juventud un futuro y a los ancianos seguridad. Prometiéndoos todo esto, las bestias han subido al poder. ¡Pero mienten! No han cumplido esa promesa. ¡No la cumplirán! Los dictadores se dan libertad a sí mismos, pero esclavizan al pueblo. Ahora, unámonos para liberar el mundo, para terminar con las barreras nacionales, para terminar con la codicia, con el odio y con la intolerancia. Luchemos por un mundo de la razón, un mundo en el que la ciencia y el progreso lleven la felicidad a todos nosotros. ¡Soldados, en nombre de la democracia, unámonos! Hannah, ¿puedes oírme? ¡Dondequiera que estés, alza los ojos! ¡Mira, Hannah! ¡Las nubes están desapareciendo! ¡El sol se está abriendo paso a través de ellas! ¡Estamos saliendo de la oscuridad y penetrando en la luz! ¡Estamos entrando en un mundo nuevo, un mundo más amable, donde los hombres se elevarán sobre su avaricia, su odio y su brutalidad! ¡Mira, Hannah! ¡Han dado alas al alma del hombre y, por fin, empieza a volar! ¡Vuela hacia el arco iris, hacia la luz de la esperanza! ¡Alza los ojos, Hannah! ¡Alza los ojos!”.

Charles Chaplin


Utopías

14 Noviembre 2008

La victoria del presidente electo Barack Obama en los Estados Unidos ha llenado de esperanza e ilusión a millones de personas a lo largo del Planeta en torno a su singular figura y el singular momento en el que ha sido elegido. Este hombre ha sido capaz de liderar un cambio importante en sí mismo para el país que le toca gobernar, aunque ya dije (el mismo lo ha dicho) que seguramente decepcionará.

Lo que le falta a Obama (al menos nosotros no lo conocemos) es una utopía. Algún lugar al que llevar al mundo, un objetivo, un horizonte. ¿Un cambio? si, pero ¿hacia donde?

La etimología de la palabra utopía la inventó Tomás Moro con su obra homónima allá por el siglo XVI y proviene del griego topos (lugar) y el prefijo u-, que indica negación. Utopía sería aquel lugar que no existe. Todo ser humano encuentra en su vida la necesidad de construir su realidad, tornear sus acciones y decisiones en tal sentido que favorezcan la asunción de la felicidad. Así cada persona basa su existencia en encontrar “lo que ahora no es” y quiere ser.

Pero además de sus anhelos individuales, el ser humano necesita sentir la armonía en su entorno social. Es ahí cuando entra en juego la política. Diseñar un modelo de coexistencia pacifica, libre y solidaria entre los seres humanos, debe ser el fín de toda conciencia política.

En base a esa conciencia, la utopía se constituye en el motor del progreso, puesto que el ser humano siempre ha actuado desde la perspectiva de lo que es y de lo que podría ser. Superar las desgracias, los infortunios y las privaciones de la vida es nuestro objetivo tanto individual como colectivamente para así alcanzar la felicidad.

Los seres humanos, al tener razón y conciencia, no aceptamos la realidad tal y como es. Por ello, toda actitud utópica niega el inmovilismo conservador o el fatalismo histórico. Un mundo sin esperanza, sin ilusión, sin ideas, es un mundo que no merece la pena ser vivido.

La historia del siglo XX ha sido lo suficientemente desgraciada como para haber logrado borrar de nuestra mente las utopías históricas, lo cual nos ha llenado de pesimismo. Algunos pensadores como Karl Popper o Francis Fukuyama nos sugirieron el abandono de las utopías y el fin de la historia. Si no hay utopías, no hay cambio; si no hay cambio, no hay progreso; y si no hay progreso, no hay historia.

Esta situación favorece a los grandes poderes de nuestro mundo, a los que disfrutan de todos los bienes imaginables y controlan los recursos y la riqueza del capital. Pero para los millones de personas que viven en la injusticia, la pobreza y la miseria, o para los millones de humanos que tenemos que conformarnos con lo que nos dan, la situación del actual sistema económico y político se torna desoladora y totalmente inaceptable.

Es evidente que ni usted, ni yo, ni Barack Obama, ni Zapatero, ni el G-20, van a conseguir un mundo perfecto y feliz en poco tiempo. Pero la visión utópica, idealista, nos ayuda a utilizar los recursos económicos, humanísticos o científicos al servicio de todos.

No podemos aceptar el conformismo en que se ha instalado la sociedad actual. No podemos aceptar dejar de ser ciudadanos para ser consumidores. No podemos aceptar que el ser humano se individualice tanto que parezca que ya no es humano porque no actúa, no se relaciona y no se solidariza con sus semejantes. No debemos aceptar estar conducidos por la publicidad o la opinión dirigida. No podemos aceptar el caos del mercado y someternos a los rigores de sus inclemencias.

A pesar de que en la crisis actual seguimos oyendo el mismo inmovilismo, los ciudadanos de este Planeta necesitamos de la política, necesitamos de las utopías. Al final, el ser humano siempre encuentra el camino por el cual alcanzar la libertad, romper sus cadenas y lograr un mundo más apropiado que dejarle a sus descendientes.

Utopía no ha muerto. Mi generación tiene la responsabilidad de desenterrar las viejas utopías para crear otras nuevas, y en ello debemos ocuparnos. Podríamos comenzar con respetar la dignidad humana y el entorno natural. Por solidarizarnos con los que sufren. Por encontrar la injusticia y denunciarla. Por dialogar con nuestros semejantes y establecer relaciones de cooperación mutua en beneficio colectivo, con demostrar nuestra responsabilidad moral y cívica, con practicar nuestro amor a la cultura y, en definitiva, todas aquellas grandes palabras que un día fueran esculpidas en el mármol para que fueran recordadas y que nosotros hemos osado olvidar.

Por ello, al presidente Barack Obama (cuya utopía desconocemos) le recomendaría que leyera este pasaje de la Utopía de Tomas Moro, al que no cabe calificar como socialista:

“…el solo y único camino hacia el bienestar público esta en declarar la comunidad de bienes, y esto no sé si se podrá guardar donde lo que posee cada uno es de su propiedad. Porque si cada cual, en virtud de unos títulos reconocidos, acapara para sí todo lo que puede cualquiera que sea la provisión existente, los pocos que se la reparten entera entre sí dejan en la inopia a los demás; y ocurre precisamente que los segundos se merecen mucho  más la suerte de los primeros, pues éstos son rapaces, deshonestos e inútiles, los otros, por el contrario, hombres modestos, sencillos y, por su trabajo cotidiano, más rentables para la república y para sí mismos.”

Tomás Moro, Utopía, 1516


Mario Soares y la izquierda europea

9 Octubre 2008

Dijo Ambrose Bierce que citar a alguien es repetir erróneamente sus palabras. Como yo no quiero cometer errores les voy a adjuntar íntegramente un artículo firmado por el ex-primer ministro y ex-presidente de la República Portuguesa por el Partido Socialista, Mario Soares, porque las comparto en su totalidad:

La identidad extraviada de la izquierda europea

En el mundo complejo y contradictorio del primer decenio del siglo XXI la izquierda política y social europea parece estar a la deriva.

El colapso del comunismo, identificado con el totalitarismo ­gulags, violaciones de derechos humanos, atraso económico y tecnológico, etcétera­ creó un vacío que fue ocupado por la ideología neoliberal.

Esta, insensiblemente, colonizó a Europa, tanto a los gobiernos presididos por socialistas, laboristas o socialdemócratas como a los demócratas cristianos, algunos convertidos en populares; es decir, a las dos familias políticas que históricamente construyeron Europa, desde el Tratado de Roma de 1957 hasta el impasse en que hoy se encuentra. Esta colonización desacreditó a socialistas y socialcristianos, quienes habían sido los responsables de los progresos de las sociedades de bienestar europeas durante cuatro décadas. Las distinciones entre izquierda y derecha se esfumaron y abrieron camino a las políticas neoliberales conservadoras, particularmente en el plano social, recortando algunas de las conquistas políticas y sociales que caracterizaron al modelo europeo de posguerra.

El descrédito de la política ­y de los políticos sin convicciones firmes­, la utilización generalizada del marketing político y el advenimiento de las democracias mediatizadas al servicio de intereses económicos, restaron representatividad al Parlamento, disminuyeron el peso de los partidos políticos ­como si no contaran las diferencias entre ellos­ y debilitaron el movimiento sindical, dejando paso al populismo (que ya en la antigua Grecia significaba tiranía).

Afortunadamente el neoliberalismo, como ideología global, también está en decadencia, particularmente en América del Norte, como lo demuestra el desprestigio de la Administración de George W. Bush.

Al mismo tiempo, el fenómeno de la mala reputación de la política y de los partidos se comprueba en toda Europa, donde el economicismo manda y el dinero es rey.

La solidaridad es un valor escasamente cotizado en sociedades extremadamente individualistas, sin ética ni principios, en las que cada uno se las arregla como puede. La izquierda tradicional y la nueva izquierda navegan sin rumbo claro, sobre todo en términos europeos.

Lo que sucede en Francia, donde el presidente Nicolas Sarkozy pesca en aguas socialistas al compás de políticas erráticas y populistas, es verdaderamente una vergüenza. Y es, simultáneamente, un síntoma de lo que puede suceder en nuestros países si sobrevienen, como espero, nuevos vientos de justicia, racionalidad y progreso.

Recientemente el semanario francés Le Nouvel Observateur se preguntaba, a propósito de un libro de Bernard-Henry Lévy, “¿Es posible aún ser de izquierda?” y continuaba: “¿Todavía tienen sentido las diferenciaciones ideológicas?”

Me atrevo a responder que tienen hoy más sentido que nunca. Según mi punto de vista ser de izquierda, para un europeo, no sólo es tener un pasado coherente, antifascista, anticolonialista; es también estar a favor de una democracia económica y social (no de una “democracia liberal”); es luchar contra las desigualdades sociales, ser partidario de una Europa política y social capaz de ser solidaria con todos sus integrantes y con todas las regiones del mundo donde se sufre. Es apoyar las grandes causas de la defensa del ambiente, de los derechos humanos y de la igualdad de todos los seres humanos independientemente de sexo, opción sexual, raza, religión o condición social; es defender la primacía de la política sobre la economía y de la ética contra la mezcla explosiva de los negocios y la política, es ser tolerante y aceptar a quienes son diferentes a nosotros, el multiculturalismo y el laicismo, o sea la separación del Estado y las iglesias; es identificarse con un sistema capaz de corregir las desigualdades, con un Estado de Derecho y un Estado intervencionista particularmente en las esferas de la salud, la justicia, la enseñanza y el conocimiento y la lucha contra la explotación de los menores.

No me parecen diferencias de poco monto.

Inter Press Service.


XXXVII Congreso Federal del PSOE: mi reflexión

6 Julio 2008

Me gusta el lema escogido para el XXXVII Congreso Federal del Partido Socialista Obrero Español: la fuerza del cambio. Lo que pasa es que a muchos militantes como yo y a muchos ciudadanos, también como yo, la intensidad de la fuerza y la naturaleza del cambio no nos parecen tan evidentes como quisiéramos.

No en vano, la prensa se ha hecho eco de que la militancia socialista ha querido imprimir cierto giro de izquierda a los planteamientos del partido en este Congreso, aún cuando ese giro no es otra cosa que el conjunto de ideas que el Partido había aparcado anteriormente. Tímidamente, la militancia ha querido liderar a la Comisión Ejecutiva Federal a la senda de lo que debe ser un partido socialdemócrata, cuando el liderazgo en ese sentido no le corresponde a la militancia sino a la propia Ejecutiva.

Así pues, creo que la ciudadanía española debe saber quién es quién en la política española y que tipo de “cambio” defiende cada uno. El PSOE no es un partido de centro, es un partido socialista. En ese sentido las resoluciones congresuales únicamente sirven como declaraciones de intenciones, pero también deben dejar claro el lugar que cada uno ocupa en el terreno de las ideas. Aun así, más que las ideas del partido, lo que verdaderamente importa es la acción del Gobierno.

En ese sentido, me parece que el Gobierno tiene un problema a la hora de transmitir la intensidad del cambio que se quiere llevar a cabo en España y la naturaleza de dicho cambio. La imposibilidad de transmitir el sentido del cambio, puede evidenciar para los españoles la inexistencia del mismo.

A mí me gustaría que los españoles supieran qué está haciendo su Gobierno, no solo para superar la crisis económica, sino también para que en España exista una armonización fiscal (y por tanto en prestaciones sociales), con las primeras naciones de Europa. Me gustaría que estuviera mas claro lo que esta haciendo y quiere hacer nuestro Gobierno sobre la construcción europea, me gustaría que se evidenciara cuales son las propuestas del Gobierno para un mayor control en los mercados financieros. La jornada laboral, el laicismo, la inmigración (la directiva de retorno es un error sin paliativos), la revolución tecnológica, la energía y la educación son todos temas que intrigan a los españoles y sobre los que necesitan sentir nuestras ideas, las ideas socialistas, con una mayor grado de claridad.

Después de este Congreso y de como se está viviendo la política española, creo que es mas que evidente que el PSOE es el único partido capaz de gobernar este país. Pero no podemos conformarnos con demostrar las carencias ajenas, sino que debemos evidenciar ante todos los ciudadanos las virtudes propias para que todos los españoles sean partícipes de ellas. Esa es la verdadera fuerza del cambio.