Elecciones Federales en Alemania 2009

23 Septiembre 2009

La República Federal de Alemania en Europa

El próximo domingo 27 de septiembre van a celebrarse en Alemania las elecciones generales al Parlamento de la República Federal (Bundestag) y creo que es interesante estar pendientes de ellas, no solo por la influencia que tiene la realidad política de la primera potencia europea en nosotros, sino también por lo que influya en el devenir de la izquierda europea.

El Gobierno actual sustentado por la Unión Cristiano-demócrata (CDU) y el Partido Socialdemócrata (SPD) denominada la Gran coalición, ha demostrado ser útil para resolver el casi empate técnico en que resultaron las elecciones de 2005, pero no ha sido bueno para el Partido Socialdemócrata (dada su merma electoral) y al parecer tampoco para la CDU.

La actual jefa del Gobierno federal, Angela Merkel, busca en estas elecciones ser  reelegida por el Bundestag en un gobierno de coalición con el Partido Liberal-Demócrata (FDP), formando así un gabinete de centro-derecha.

Por su parte, el Partido Socialdemócrata se ha visto sometido a una polémica creciente sobre su orientación. La agenda de tintes conservadores iniciada por el anterior cancille del SPD, Gerhard Schröder, sometió al partido a una perdida masiva de militantes y votos que confluyó en la formación de un partido alternativo fusionado con el antiguo Partido Comunista, llamado La Izquierda (Die Linke).

La crisis del Partido Socialdemócrata solamente ha tenido expectativas de resolverse cuando este partido, después de mucha inestabilidad interna, ha apostado tímidamente por girar a la izquierda. Sin embargo, la dirección actual y el candidato a la cancillería, Franz-Walter Steinmeier, han rechazado públicamente pactar con los disidentes de La Izquierda y han apostado por un tripartito con el Partido Liberal-Demócrata y Los Verdes, algo que resulta imposible porque Los Verdes rechazan la vuelta a la energía nuclear, proyecto estrella de los liberales.

Así pues, todos los europeos que nos consideramos de izquierdas y que creemos en programas de izquierdas, esperaremos al día feliz en que el Partido Socialdemócrata haga honor a su nombre y decida apostar por un Gobierno de coalición con La Izquierda.

El único que parece estar en disposición de acceder al liderazgo del SPD gobernando con la Izquierda, es el alcalde-gobernador de la ciudad-estado de Berlín, Klaus Wowereit. Identificado como la bestia negra de la derecha alemana, es el único gobernador de un Länd que dirige su región junto a La Izquierda.

Ya veremos.

Anuncio del Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD)

Anuncio de Die Linke (La Izquierda)


Alejandro Cercas

17 Diciembre 2008

Alejandro Cercas

Muchos se han hecho eco del rechazo que el Parlamento Europeo ha hecho efectivo a la propuesta de los ministros de trabajo de la UE para que los trabajadores europeos dedicásemos hasta 65 horas semanales a nuestra labor.

Me gustaría recordar que este rechazo ha partido por la actividad de un eurodiputado socialista español, Alejandro Cercas, que ha conseguido paralizar semejante atropello. Por una vez hemos visto que eurodiputados y servidores públicos en la Unión Europea defienden los derechos de los ciudadanos y ven reflejados sus intereses en el trabajo de sus representantes.

Bien por Cercas.


El club de la lucha

10 Diciembre 2008

Han coincidido los últimos días tres hechos que si uno los relaciona pueden tener un hilo conductor muy significativo.

El primero son los disturbios que se están produciendo en Grecia, la cuna de la democracia, por jóvenes helenos que están hartos de padecer la inoperancia universitaria, las injusticias del mercado laboral y el nepotismo político. Por otro lado el INJUVE, Instituto de la Juventud Española, ha presentado su encuesta cuatrienal y en tercer lugar, el sociólogo Javier Elzo ha presentado su nuevo libro La voz de los adolescentes (editorial PPC).

La prensa ha calificado la situación en Grecia como “los peores disturbios civiles desde la caída del régimen militar en 1974″. El primer ministro griego, Costas Caramanlis no debe tenerlo nada claro, porque todavía cree que los disturbios son originados por grupos de vándalos anarquistas, vagos y maleantes. Sin embargo, si estos disturbios son los peores en la historia helena desde la caída de la dictadura, ¿no se debería plantear la posibilidad de que algo haya funcionado rematadamente mal? ¿No hay nada que revisar dentro del sistema democrático? ¿Cómo es posible que un país de la Unión Europea (y del Euro) arda por los cuatro costados y nadie en Europa diga esta boca es mía? ¿Cuál es la situación en Hungría, en Italia, en importantes zonas de Alemania y Francia? ¿Cuál es la situación de la universidad española y de la realidad laboral de la juventud?

Después, el Informe de la Juventud española nos desvela que solo el 18% de la juventud española confía en la política. No es algo sorprendente, pero si preocupante, al menos para mí. No se quien dijo que si uno no se interesa por la política, la política se acabará interesando por uno, pero tenía mucha razón. Si uno de estos días todos esos a los que no les interesa que gobierne Juana o su hermana, que el gobierno haga una cosa o la contraria, sufren las inclemencias de la situación económica, puede pasar que la tragedia griega no sea tan solo griega.

¿Y esto por qué ocurre? El profesor Elzo hace una valoración que me parece bastante acertada: “Antes, si tu padre era tornero, sabías que te esperaba ser tornero y poco más. Hoy en día un chaval tiene el mundo abierto, puede hacer prácticamente lo que quiera, y eso hace que sea más incierto e inseguro. Para ellos la cosa es mucho más complicada”.

Pero a la vez que se nos plantea la posibilidad de hacer lo que queramos, de salir de fiesta, viajar a lugares que nuestros padres ni soñaron conocer, mantener relaciones sexuales cuantas queramos, estudiar carreras, master, idiomas para ser “alguien en la vida“, casarnos con la chica guapa, tener una trabajo estable, casa propia y un coche cojonudo, en realidad poco a poco nos damos cuenta que no podemos, porque el sistema no esta hecho para que todos seamos lo que nos han dicho que debemos ser. Hay un extracto de la película El club de la lucha (1999, David Fincher) que lo explica de una forma bastante gráfica:

“Veo mucho potencial, pero está desperdiciado. Toda una generación trabajando en gasolineras, sirviendo mesas, o siendo esclavos oficinistas. La publicidad nos hace desear coches y ropas, tenemos empleos que odiamos para comprar mierda que no necesitamos. Somos los hijos malditos de la historia, desarraigados y sin objetivos, no hemos sufrido una gran guerra, ni una depresión. Nuestra guerra es la guerra espiritual, nuestra gran depresión es nuestra vida. Crecimos con la televisión que nos hizo creer que algún día seríamos millonarios, dioses del cine, o estrellas del rock. Pero no lo seremos, y poco a poco lo entendemos, lo que hace que estemos muy cabreados”.


Mario Soares y la izquierda europea

9 Octubre 2008

Dijo Ambrose Bierce que citar a alguien es repetir erróneamente sus palabras. Como yo no quiero cometer errores les voy a adjuntar íntegramente un artículo firmado por el ex-primer ministro y ex-presidente de la República Portuguesa por el Partido Socialista, Mario Soares, porque las comparto en su totalidad:

La identidad extraviada de la izquierda europea

En el mundo complejo y contradictorio del primer decenio del siglo XXI la izquierda política y social europea parece estar a la deriva.

El colapso del comunismo, identificado con el totalitarismo ­gulags, violaciones de derechos humanos, atraso económico y tecnológico, etcétera­ creó un vacío que fue ocupado por la ideología neoliberal.

Esta, insensiblemente, colonizó a Europa, tanto a los gobiernos presididos por socialistas, laboristas o socialdemócratas como a los demócratas cristianos, algunos convertidos en populares; es decir, a las dos familias políticas que históricamente construyeron Europa, desde el Tratado de Roma de 1957 hasta el impasse en que hoy se encuentra. Esta colonización desacreditó a socialistas y socialcristianos, quienes habían sido los responsables de los progresos de las sociedades de bienestar europeas durante cuatro décadas. Las distinciones entre izquierda y derecha se esfumaron y abrieron camino a las políticas neoliberales conservadoras, particularmente en el plano social, recortando algunas de las conquistas políticas y sociales que caracterizaron al modelo europeo de posguerra.

El descrédito de la política ­y de los políticos sin convicciones firmes­, la utilización generalizada del marketing político y el advenimiento de las democracias mediatizadas al servicio de intereses económicos, restaron representatividad al Parlamento, disminuyeron el peso de los partidos políticos ­como si no contaran las diferencias entre ellos­ y debilitaron el movimiento sindical, dejando paso al populismo (que ya en la antigua Grecia significaba tiranía).

Afortunadamente el neoliberalismo, como ideología global, también está en decadencia, particularmente en América del Norte, como lo demuestra el desprestigio de la Administración de George W. Bush.

Al mismo tiempo, el fenómeno de la mala reputación de la política y de los partidos se comprueba en toda Europa, donde el economicismo manda y el dinero es rey.

La solidaridad es un valor escasamente cotizado en sociedades extremadamente individualistas, sin ética ni principios, en las que cada uno se las arregla como puede. La izquierda tradicional y la nueva izquierda navegan sin rumbo claro, sobre todo en términos europeos.

Lo que sucede en Francia, donde el presidente Nicolas Sarkozy pesca en aguas socialistas al compás de políticas erráticas y populistas, es verdaderamente una vergüenza. Y es, simultáneamente, un síntoma de lo que puede suceder en nuestros países si sobrevienen, como espero, nuevos vientos de justicia, racionalidad y progreso.

Recientemente el semanario francés Le Nouvel Observateur se preguntaba, a propósito de un libro de Bernard-Henry Lévy, “¿Es posible aún ser de izquierda?” y continuaba: “¿Todavía tienen sentido las diferenciaciones ideológicas?”

Me atrevo a responder que tienen hoy más sentido que nunca. Según mi punto de vista ser de izquierda, para un europeo, no sólo es tener un pasado coherente, antifascista, anticolonialista; es también estar a favor de una democracia económica y social (no de una “democracia liberal”); es luchar contra las desigualdades sociales, ser partidario de una Europa política y social capaz de ser solidaria con todos sus integrantes y con todas las regiones del mundo donde se sufre. Es apoyar las grandes causas de la defensa del ambiente, de los derechos humanos y de la igualdad de todos los seres humanos independientemente de sexo, opción sexual, raza, religión o condición social; es defender la primacía de la política sobre la economía y de la ética contra la mezcla explosiva de los negocios y la política, es ser tolerante y aceptar a quienes son diferentes a nosotros, el multiculturalismo y el laicismo, o sea la separación del Estado y las iglesias; es identificarse con un sistema capaz de corregir las desigualdades, con un Estado de Derecho y un Estado intervencionista particularmente en las esferas de la salud, la justicia, la enseñanza y el conocimiento y la lucha contra la explotación de los menores.

No me parecen diferencias de poco monto.

Inter Press Service.


El misterio llamado Obama

29 Julio 2008

Me molesta ver como los europeos estamos últimamente de atontados políticamente, adhiriéndonos sin rubor a cualquier tipo que pegue cuatro voces en nuestro televisor mientras cenamos. He visto con cierto estupor el ansia que ha despertado Barack Obama, no solo entre los europeos en general sino en la izquierda en particular. Estupor porque entre los dos contendientes a la Casa Blanca, el senador Mccain y el senador Obama, ninguno de los dos es socialista, ni siquiera de izquierda. El único partido estadounidense hermano del PSOE es el partido de los Socialistas Democráticos de América (DSA, en sus siglas en inglés), afiliado a la Internacional Socialista.

Y digo esto porque hace algún tiempo que se intenta implantar en Europa el modelo del Partido Demócrata americano. El intento mas nítido fue el caso del Partito Democrático italiano, que llevó a la izquierda italiana del Gobierno a la oposición y a Berlusconi de vuelta al Consiglio dei Ministri, dejando de nuevo al país trasalpino a merced de la derecha populista, la Iglesia Católica, la mafia y los separatistas del norte, todos ellos autores privilegiados de la ruina del país.

Pero Italia solo es el caso más lacerante. En estos tiempos nuestros de imagen exacerbada, de campañas publicitarias y tele agresiva, de mercado hasta a la hora de mear, hemos cedido también la política a un campeonato en el cual se dilucida únicamente quien monta el show más espectacular. Y si en Estados Unidos esto funciona a la perfección por la propia naturaleza del sistema, en Europa resulta, cuanto menos, doloroso.

Doloroso porque si algo hemos aprendido los europeos en el último siglo (o deberíamos haberlo hecho) es que la democracia es de todos y para todos, una democracia sustentada no solo en los derechos civiles de los ciudadanos, sino también en los sociales y económicos, que son la argamasa que entreteje el sistema de libertades.

En los Estados Unidos la democracia solo funciona para quien puede pagársela, no en vano, los shows electorales cuestan millones de dólares que previamente han sido donados por multimillonarios, lobbies de presión o empresas varias. Pocos estadounidenses de limitados recursos pueden acceder a un cargo público relevante y lo que es peor, muchos no encuentran motivo por el cual votar a quienes pretenden ostentarlo. Nadie soluciona, por ejemplo, que millones de estadounidenses no tengan cobertura sanitaria…

La visita del senador Obama a Europa ha estado rodeada de un mesianismo que poco tiene que ver con la profundidad de sus reflexiones o con la fuerza y el sentido del cambio que quiere imprimir en EEUU y en el Mundo.

Dije y digo que será el próximo presidente, porque creo que ha sabido liderar el cambio político. Pero no nos engañemos, nada sabemos de su proyecto, ni de cómo piensa solventar las necesidades del pueblo estadounidense y del Mundo. Yo simpatizaré con Obama cuando este aclare su proyecto y muestre sus intenciones. De momento solo veo optimismo, y si el pesimismo no crea puestos de trabajo, el optimismo por si solo tampoco.


España: política y fútbol

23 Junio 2008

El otro día me acerque hasta Aranguren para llevar a mi abuela a la peluquería. Cuando volvía con el coche por el barrio del Baular se bajaron las barreras del paso a nivel de Lusa y nos tocó esperar (estaban pintando las rayas de la calzada y no podíamos girar a la calle Aya Goñi). Allí estaba yo metido en el coche, asado de calor y escuchando una canción de Luz Casal, cuando veo pasar al otro lado de la calle a un joven que caminaba dirección al centro del pueblo. La cuestión es que el joven cubría su torso con una elástica roja y gualda donde se leía la palabra “Torres”. Les tengo que reconocer que lo primero que pensé es “que hostias le van a dar”, pero desconozco la suerte que corrió aquel ciudadano. Lo que sí sé es que la audiencia que el partido de ayer (entre las selecciones nacionales de fútbol de España e Italia que celebraron en Viena) generó en Euskadi llegó al 60%, con 650.000 vascos prendados al televisor. Ósea que ese muchacho no estaba muy solo. Estaría bien que los nacionalistas expliquen porqué los vascos seguimos con tanto interés a una selección “extranjera”.

Yo no soy muy aficionado al fútbol, solo suelo ver los mundiales o eurcopas porque duran poquito y se siguen fácilmente. Además siempre tienen un cierto componente nacionalista que le da cierta salsa política y emocional al asunto. El fútbol siempre se ha mezclado con la política, y sino que se lo pregunten a los ex jugadores de la Hungría comunista o a los de la Austria invadida por los nazis.

Por ello, estoy de acuerdo con quien dice que el fútbol se ha convertido en el “pan y circo” con el que se entretiene a la plebe y se nos distrae de otras cuestiones más importantes. Pero en el caso español la cosa ha cobrado tintes un tanto extravagantes. Entre los nacionalistas separatistas que desean que España sea humillada a toda costa, parte de la izquierda que ve en toda muestra de españolismo un sinónimo de adhesión al capitalismo, al franquismo, a la monarquía o vaya usted a saber qué y los nacionalistas españoles que hacen de las posibilidades de la selección un ejercicio lleno de euforia incontrolada e irracional, consiguen de vez en cuando tapar la sana ilusión de los ciudadanos españoles con su deporte.

Creo sinceramente que la mayoría de la gente se lo toma de forma diferente, simplemente porque quieren que la selección de su país gane en un juego bonito y entretenido. Así que yo me quedo con la ilusión de la gente, porque lo pasé bien viendo a la selección de mi país y me lo pasaré mejor si gana el campeonato.

Próxima cita, el jueves a las 20:45 contra Rusia.


Decir NO y ser europeísta

13 Junio 2008

Ayer escuchaba un corte de telediario donde le preguntaban a un jubilado irlandés sobre el sentido de su voto en el referéndum sobre el Tratado de Lisboa que se celebró ayer en aquel país, y decía: “He votado no, no porque no quiera la Unión Europea, sino porque están haciendo las cosas a nuestras espaldas”.

Pues yo hubiese hecho lo mismo que este hombre, y por lo tanto me alegro de que el pueblo de Irlanda haya dicho NO a esta Unión Europea. Cuando voté si a la Constitución Europea lo hice convencido de que Europa necesitaba un impulso para avanzar en su construcción. Hoy me arrepiento.

Soy un europeísta convencido y siempre he creído que una Europa federal era la mejor solución a la decadencia de nuestro continente en el plano internacional. Pero los europeos hemos tenido la sensación acertada de que esta Unión Europea se estaba construyendo en una dirección únicamente económica a espaldas de los ciudadanos.

Me gustaría decir que el rechazo a la Constitución Europea y al Tratado de Lisboa ha venido de países ricos como Francia y Holanda, y de otros de reciente desarrollo como Irlanda. Si sumamos la abstención a este rechazo, el fracaso no tiene límites. Pensar que el rechazo de la gente viene por el miedo o por la inmadurez de los ciudadanos es un ejercicio de soberbia increíble. El rechazo viene dado por unos líderes poco ambiciosos e incapaces de vincular a sus ciudadanos en este necesario proyecto.

Entonces ¿que hacer después del NO irlandés?:

- Lo primero, destituir a José Manuel Durao Barroso como Presidente de la Comisión. Un incapaz que fue nombrado para el puesto porque no había nadie más (iba a perder las elecciones como primer ministro de Portugal) no es la persona adecuada para liderar la Unión.

- Hacer un referéndum en todos los estados, para saber si desean los ciudadanos que la Unión se transforme en una Federación.

- Elegir un Presidente de la Unión Europea por sufragio universal directo simultáneamente en todos los estados de la Unión.

- Que el Presidente de la Unión convoque a elecciones generales a un Parlamento Europeo constituyente. El Parlamento Europeo deberá ser bicameral, una cámara para los ciudadanos y otra para los estados.

- Que el Parlamento Europeo elija al Presidente de la Comisión, a propuesta del Presidente de la Unión.

- Que el Parlamento Europeo redacte una Constitución Federal. Esta Constitución deberá dejar claro: los valores democráticos de la Unión, el modelo económico y social, la creación del servicio diplomático y exterior único, un único ejército federal, la política de adhesión a la Unión y sus límites.

Al menos es lo que yo creo que debería hacerse. Lo demás es marear la perdiz.