Jóvenes del sistema

28 Diciembre 2008
jerarquia

"La juventud sabe lo que no quiere antes de saber lo que quiere." Jean Cocteau

Cuando el otro día hablé sobre el asunto de los disturbios griegos quería expresar, siquiera someramente, una idea que al parecer no está muy alejada de la realidad. Se dice hoy en día que nos encontramos ante la crisis financiera mas importante de la historia, que dará paso a una fuerte crisis empresarial, una fuerte crisis del trabajo obrero y al final una grave crisis política. Atentos que vienen curvas.

La cuestión griega es la primera de las reacciones que veremos en el ámbito social y político ante esta situación. No es casual que esa situación se haya dado en los ámbitos más jóvenes de la sociedad, y no en ámbitos obreros o industriales. Se ha constatado que la actual crisis es una crisis sistémica que afecta y afectará de forma más preocupante a los sectores más jóvenes de la sociedad.

En definitiva, lo que se esta empezando a cuestionar es la estructura misma del sistema democrático que nuestros mas directos ascendentes crearon después de la II Guerra Mundial (en España, después de la Dictadura). Alardean ellos, en foros de opinión publicada y en la vida común, de haber recibido golpes de los grises y de haber luchado en sindicatos y partidos por la democracia que ahora nosotros tímidamente empezamos a discutir.

El problema es que esa democracia que con tanto esfuerzo y sacrificio nuestros mayores contribuyeron a constituir, ha venido a instaurar un nuevo sistema jerárquico en el cual un joven solo puede hacer dos cosas: ser asimilado u oponerse. Convendrán conmigo que actualmente los sindicatos, partidos, empresas y demás estructuras sociales resplandecen por sus virtudes democráticas, por el trabajo cooperativo, por los debates abiertos, por su abnegación en la defensa de los derechos civiles y las posibilidades de renovación que ofrecen a la juventud en su seno. La perspectiva del actual sistema es tan maravillosa que un joven actual no puede hacer otra cosa que correr a afiliarse  a un sindicato o a un partido en cuanto cumple la mayoría de edad para integrarse en un debate político y social abierto, sincero y estimulante. Irá a la universidad para estudiar con profesores abnegados, que cuenten con el alumno para cubrir nuevas metas culturales o científicas. Tras acabar la universidad puede buscar un trabajo acorde a su formación, cobrando un sueldo en consonancia con su condición humana, estimulado por las facilidades a la promoción laboral. Cuando obtenga ese trabajo siempre podrá acceder a una vivienda para formar una familia y vivir con dignidad, sin depender de pagar la mitad de su sueldo a unos señores que luego se lo gasten en Lehman Brothers  o en vivir de las rentas inflando burbujas.

Ante un sistema tan magníficamente concebido, un joven puede encontrar cualquier posibilidad para prosperar en esta vida. El que proteste solo es un pobre antisistema marginal.

Me sorprende enormemente que haya columnistas de la opinión publicada que opinen lo contrario. Jean-Marie Colombani decía el otro día en Miedo al contagio griego (El País, 23 de diciembre de 2008 ):

“…hay un profundo malestar de la juventud.”

“El temor al estallido de un movimiento amplio existe pues tanto en París como en Roma y en Madrid.”

“… existen factores comunes que alimentan el profundo malestar de la juventud. En todas partes existe, en efecto, una especie de ruptura generacional.”

“…, hay un abismo entre el poder de compra de los asalariados de 50 años y el de los de 30. Hace tres décadas en Francia, la diferencia era del 15%; ahora es del 40%. En los países latinos se habla de mileuristas en referencia a unos salarios que son la única perspectiva de unos treintañeros diplomados a los que, precisamente, su diplomas hubieran debido garantizarles unos empleos mejores y mas cualificados.”

“A los jóvenes cada vez se les exigen mas diplomas para acceder al mercado laboral.”

“… no tiene otra perspectiva que aceptar trabajos subcualificados en relación a su nivel de estudios. A esto se añade la practica paralización de las oportunidades de ascenso social”

Antonio Elorza en Atenas, París, Madrid (El País, 27 de diciembre de 2008 ) dice:

“A lo largo del siglo XX la rebeldía juvenil en Europa ha respondido en sucesivas oleadas a la acción convergente de dos variables, de un lado las expectativas de movilidad social ascendente, lo que algunos sociólogos llamaron motilidad, y de otro, el contexto económico y social.”

“En estos momentos, la motilidad es cero,…”

Se nos dijo que estudiáramos, y estudiamos. Se nos dijo que trabajáramos y trabajamos. Se nos dijo que confiáramos en los sindicatos y empresarios, y confiamos. Se nos dijo que confiáramos en su democracia y confiamos. El sistema nos ha hecho a los jóvenes como somos, aunque no les guste ni a nuestros mayores ni a nosotros.

Así que el que quiera entenderlo que lo entienda, y el que no lo entienda siempre podrá seguir haciendo el ridículo hablando del botellón, que no le deja dormir ante la placidez con la cual sostiene su conciencia por habernos dado este magnífico sistema. Así que la pregunta no es si nosotros estamos dentro o fuera del sistema, sino donde quieren nuestros mayores que estemos.


¿Cortarle la cabeza al Rey?

30 Octubre 2008

Durante mucho tiempo a los ciudadanos españoles se nos ha dicho que la monarquía y sus miembros eran personas que estaban por encima del debate político, que su misión era la de representar simbólicamente la unidad histórica del Estado, promover la concordia y la fraternidad entre españoles en virtud a los valores supremos expresados en la Constitución Española de 1978 que ellos mismos contribuyeron a promulgar.

Comprendo que los miembros de la Casa de Borbón hayan entendido que su papel era ese, y que ese papel les garantizaba como dinastía mantener en su familia la Jefatura del Estado español con carácter hereditario y vitalicio. Comprendo que por ello hayan intentado, y en cierta manera conseguido, que el nombre de su Casa se haya vinculado, en más de una ocasión, con los destinos de toda la nación y sus actividades como beneficiosas a los intereses del pueblo español en virtud a su papel en la transición democrática. Y comprendo finalmente que esa situación les haya reportado la simpatía más o menos general de los ciudadanos.

Ahora bien, la monarquía española es constitucional y la Constitución española es parlamentaria. La soberanía nacional reside en el pueblo español y no en el Rey. El pueblo español legisla a través de las Cortes Generales. Si la señora Sofía de Grecia decide dar su opinión política sobre asuntos que son debatidos por las fuerzas políticas en el Congreso y toma partido por ideas conservadoras, está violentando la Constitución, la autoridad de las Cortes Generales y cuestionando la neutralidad política de la Corona. Por tanto, si quiere hacer uso de una libertad de expresión a la que ella misma reconoce no tener derecho, tanto ella como su marido deben abdicar de sus responsabilidades constitucionales.

En caso contrario puede que las personas como yo, socialistas y/o republicanos, asumamos que la utilidad constitucional de la monarquía ha terminado y que la evolución histórica de España hace más necesario que nunca hacer plena la soberanía del pueblo español, como han hecho otras naciones.

En la primera mitad del siglo XVII, Carlos I de Inglaterra disolvió la Cámara de los Comunes y gobernó durante un tiempo sin el Parlamento. Cuando quiso legitimar una subida de impuestos, convocó de nuevo al Parlamento y se desató el conflicto. Realistas contra parlamentarios se convocaron a una guerra civil que terminó con el rey Carlos I decapitado e Inglaterra como una república parlamentaria (Commonwealth of England). Con este recuerdo y tras vivir la Revolución norteamericana y asistir a la Revolución francesa, la monarquía absoluta británica asumió que, o se reformaba o moriría. Ni que decir tiene como terminó Luís XVI de Francia tras intentar limitar la función de los Estados Generales franceses: igualmente decapitado.

En España, sin embargo, cuando en el seno de la Guerra de la Independencia se reunieron las Cortes Generales en Cádiz y decidieron asumir la soberanía del pueblo español, el rey Fernando VII decidió que ese no era el camino y reprimió todo intento por hacer de España un estado constitucional. Fernando VII hubiese sido un candidato perfecto para subir al patíbulo y enseñarle al pueblo español de que color era su sangre. Pero no fue así, Fernando murió en su cama del Palacio Real de la Granja y los españoles defensores de la libertad en el exilio.

Tras muchos padecimientos, tras bastantes luchas por la democracia y la libertad de todos los españoles, solo el errático devenir de la historia española ha querido que sea la Casa de Borbón la que rija hoy la Jefatura del Estado. Pero yo, que soy un joven ciudadano que no vivió la transición, ni la guerra civil, ni la dictadura, ni la república, recomendaría a la Casa de Borbón que sea cuidadosa con las cosas que dice, porque podemos valorar los meritos del padre, pero no conocemos cuales son los del hijo. Y si en algún momento el pueblo debiera cumplir sus plenos poderes con la democracia, espero no le tiemble el pulso para “cortarle el pescuezo” al Rey.


Mario Soares y la izquierda europea

9 Octubre 2008

Dijo Ambrose Bierce que citar a alguien es repetir erróneamente sus palabras. Como yo no quiero cometer errores les voy a adjuntar íntegramente un artículo firmado por el ex-primer ministro y ex-presidente de la República Portuguesa por el Partido Socialista, Mario Soares, porque las comparto en su totalidad:

La identidad extraviada de la izquierda europea

En el mundo complejo y contradictorio del primer decenio del siglo XXI la izquierda política y social europea parece estar a la deriva.

El colapso del comunismo, identificado con el totalitarismo ­gulags, violaciones de derechos humanos, atraso económico y tecnológico, etcétera­ creó un vacío que fue ocupado por la ideología neoliberal.

Esta, insensiblemente, colonizó a Europa, tanto a los gobiernos presididos por socialistas, laboristas o socialdemócratas como a los demócratas cristianos, algunos convertidos en populares; es decir, a las dos familias políticas que históricamente construyeron Europa, desde el Tratado de Roma de 1957 hasta el impasse en que hoy se encuentra. Esta colonización desacreditó a socialistas y socialcristianos, quienes habían sido los responsables de los progresos de las sociedades de bienestar europeas durante cuatro décadas. Las distinciones entre izquierda y derecha se esfumaron y abrieron camino a las políticas neoliberales conservadoras, particularmente en el plano social, recortando algunas de las conquistas políticas y sociales que caracterizaron al modelo europeo de posguerra.

El descrédito de la política ­y de los políticos sin convicciones firmes­, la utilización generalizada del marketing político y el advenimiento de las democracias mediatizadas al servicio de intereses económicos, restaron representatividad al Parlamento, disminuyeron el peso de los partidos políticos ­como si no contaran las diferencias entre ellos­ y debilitaron el movimiento sindical, dejando paso al populismo (que ya en la antigua Grecia significaba tiranía).

Afortunadamente el neoliberalismo, como ideología global, también está en decadencia, particularmente en América del Norte, como lo demuestra el desprestigio de la Administración de George W. Bush.

Al mismo tiempo, el fenómeno de la mala reputación de la política y de los partidos se comprueba en toda Europa, donde el economicismo manda y el dinero es rey.

La solidaridad es un valor escasamente cotizado en sociedades extremadamente individualistas, sin ética ni principios, en las que cada uno se las arregla como puede. La izquierda tradicional y la nueva izquierda navegan sin rumbo claro, sobre todo en términos europeos.

Lo que sucede en Francia, donde el presidente Nicolas Sarkozy pesca en aguas socialistas al compás de políticas erráticas y populistas, es verdaderamente una vergüenza. Y es, simultáneamente, un síntoma de lo que puede suceder en nuestros países si sobrevienen, como espero, nuevos vientos de justicia, racionalidad y progreso.

Recientemente el semanario francés Le Nouvel Observateur se preguntaba, a propósito de un libro de Bernard-Henry Lévy, “¿Es posible aún ser de izquierda?” y continuaba: “¿Todavía tienen sentido las diferenciaciones ideológicas?”

Me atrevo a responder que tienen hoy más sentido que nunca. Según mi punto de vista ser de izquierda, para un europeo, no sólo es tener un pasado coherente, antifascista, anticolonialista; es también estar a favor de una democracia económica y social (no de una “democracia liberal”); es luchar contra las desigualdades sociales, ser partidario de una Europa política y social capaz de ser solidaria con todos sus integrantes y con todas las regiones del mundo donde se sufre. Es apoyar las grandes causas de la defensa del ambiente, de los derechos humanos y de la igualdad de todos los seres humanos independientemente de sexo, opción sexual, raza, religión o condición social; es defender la primacía de la política sobre la economía y de la ética contra la mezcla explosiva de los negocios y la política, es ser tolerante y aceptar a quienes son diferentes a nosotros, el multiculturalismo y el laicismo, o sea la separación del Estado y las iglesias; es identificarse con un sistema capaz de corregir las desigualdades, con un Estado de Derecho y un Estado intervencionista particularmente en las esferas de la salud, la justicia, la enseñanza y el conocimiento y la lucha contra la explotación de los menores.

No me parecen diferencias de poco monto.

Inter Press Service.


Para interpretar la globalización y la antiglobalización

12 Agosto 2008

Comentario al libro “Abecedario (subjetivo) de la Globalización” de Ignacio Ramonet, Ramón Chao y Wozniak por Josu Montalbán

¿Qué es la globalización? ¿Qué es la antiglobalización? Es difícil definir ambos términos porque ni el término “globalización” puede definirse con precisión, ni el término “antiglobalización” es un antónimo perfecto del otro. El libro de Ramonet, Ramón Chao y Wozniak es un buen instrumento para iniciarse en esta materia tan compleja.

Aunque se trata de una especie de Diccionario Temático, no he encontrado ni una sola frase que sirva para definir con precisión lo que es. Aunque afirmen los autores que “aunque se trata de un fenómeno reciente, sus raíces se remontan a la Antigüedad”, antes de recorrer pasajes muy antiguos de la Historia, terminan por admitir que “en la actualidad, la globalización se asimila a la preeminencia de EEUU y el término globalization, que fue empleado por los norteamericanos en los años 80, señala a la vez la victoria del liberalismo sobre el comunismo y el beneficio que EEUU obtuvo de aquella victoria (su paso al rango de hiperpotencia que dirige y domina la aldea planetaria); por esto a menudo se entiende por globalización el proceso de norteamericanización del mundo”.

No cabe definición más precisa, ni tampoco más imprecisa. En realidad la globalización se va imponiendo poco a poco. El sueño de Roosevelt se hacía realidad tras la Segunda Guerra Mundial: “democracia y libre comercio para todos, y un nuevo régimen de acumulación capitalista dominado por el sector de las finanzas gracias, en suma, a la liberalización y la desregulación de los intercambios comerciales, de las inversiones directas y de los flujos financieros”. Aún tenía que pasar tiempo, más de cuarenta años, para que esta situación llegara a producirse pero había que ir dando los pasos pertinentes. Los escollos más importantes eran la Unión Soviética, que encarnaba el socialismo llamado real, y Europa, que era portadora de una idea de desarrollo basada en los derechos humanos y sociales por encima de la mera libertad económica.

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¿Por qué ser vasco y socialista?

6 Agosto 2008

La respuesta a esta pregunta no es sencilla y podría tener tantas como militantes, votantes o ciudadanos vascos quisieran exponerla. Pero la respuesta que yo daría sería la que se sustancia en la necesidad que existe de que Euskadi tenga próximamente un gobierno socialista, como única manera de que este país avance en una sociedad más democrática. Diría mas, diría que la única forma de sacar a Euskadi del atolladero en que se encuentra es que el próximo lehendakari fuera socialista, en este caso Patxi López.

Y digo esto por la razón que promueve este post: creo que Euskadi, nuestra tierra, ha sido objeto de un fraude histórico basado en un movimiento nacionalista que ha vinculado el bienestar de los ciudadanos con las reclamaciones nacionalistas. Sin embargo, esas reclamaciones han limitado las posibilidades democráticas, económicas y sociales del país. Solo como ejemplo podemos referirnos al proyecto de Constitución Federal de la República Española de 1873 en la que ya se preveía la creación de un Estado Vascongado, años antes de la aparición del nacionalismo. Por lo tanto, la relación entre autonomía y bienestar con el nacionalismo es el gran fraude que se ha cometido contra los vascos.

Tenemos que tener en cuenta que el País Vasco ha sido históricamente un país dominado por el conservadurismo, ya fuera este liberal monárquico, carlista o nacionalista. Todos estos movimientos políticos, que nacieron asentados en ideales totalmente antidemocráticos, fueron contestados de forma clara por el socialismo vasco fundado en 1886 en Bilbao y que agrupaba en torno a sí a quienes eran los verdaderos artífices de la riqueza del país: trabajadores mineros e industriales. Nada sería de Euskadi sin ellos.

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Decir NO y ser europeísta

13 Junio 2008

Ayer escuchaba un corte de telediario donde le preguntaban a un jubilado irlandés sobre el sentido de su voto en el referéndum sobre el Tratado de Lisboa que se celebró ayer en aquel país, y decía: “He votado no, no porque no quiera la Unión Europea, sino porque están haciendo las cosas a nuestras espaldas”.

Pues yo hubiese hecho lo mismo que este hombre, y por lo tanto me alegro de que el pueblo de Irlanda haya dicho NO a esta Unión Europea. Cuando voté si a la Constitución Europea lo hice convencido de que Europa necesitaba un impulso para avanzar en su construcción. Hoy me arrepiento.

Soy un europeísta convencido y siempre he creído que una Europa federal era la mejor solución a la decadencia de nuestro continente en el plano internacional. Pero los europeos hemos tenido la sensación acertada de que esta Unión Europea se estaba construyendo en una dirección únicamente económica a espaldas de los ciudadanos.

Me gustaría decir que el rechazo a la Constitución Europea y al Tratado de Lisboa ha venido de países ricos como Francia y Holanda, y de otros de reciente desarrollo como Irlanda. Si sumamos la abstención a este rechazo, el fracaso no tiene límites. Pensar que el rechazo de la gente viene por el miedo o por la inmadurez de los ciudadanos es un ejercicio de soberbia increíble. El rechazo viene dado por unos líderes poco ambiciosos e incapaces de vincular a sus ciudadanos en este necesario proyecto.

Entonces ¿que hacer después del NO irlandés?:

- Lo primero, destituir a José Manuel Durao Barroso como Presidente de la Comisión. Un incapaz que fue nombrado para el puesto porque no había nadie más (iba a perder las elecciones como primer ministro de Portugal) no es la persona adecuada para liderar la Unión.

- Hacer un referéndum en todos los estados, para saber si desean los ciudadanos que la Unión se transforme en una Federación.

- Elegir un Presidente de la Unión Europea por sufragio universal directo simultáneamente en todos los estados de la Unión.

- Que el Presidente de la Unión convoque a elecciones generales a un Parlamento Europeo constituyente. El Parlamento Europeo deberá ser bicameral, una cámara para los ciudadanos y otra para los estados.

- Que el Parlamento Europeo elija al Presidente de la Comisión, a propuesta del Presidente de la Unión.

- Que el Parlamento Europeo redacte una Constitución Federal. Esta Constitución deberá dejar claro: los valores democráticos de la Unión, el modelo económico y social, la creación del servicio diplomático y exterior único, un único ejército federal, la política de adhesión a la Unión y sus límites.

Al menos es lo que yo creo que debería hacerse. Lo demás es marear la perdiz.


¿Nada que hacer?

28 Mayo 2008

Recuerdo perfectamente los dos momentos más importantes en los cuatro años que he sido militante del PSE-EE (PSOE): el primero fue el momento de mi afiliación en 2004 y el segundo fue el momento en el cual formé parte de la candidatura local en 2007. Quiero decir que fueron importantes, porque esas situaciones me obligaban a tener que explicar el porqué de mi decisión y por lo tanto, hacía que los demás tomaran postura respecto a ella.

Entenderéis, que lo que puede ser normal en una ciudad como Bilbao, Barakaldo o Basauri (y pueda pasar desapercibido), en un pueblo como Zalla todo el mundo sabe quien es quien y las suspicacias son mayores. Pero a mí eso nunca me ha preocupado.

Las reacciones fueron variadas. La gente que más me importa reaccionó como yo esperaba. Unos me expresaron su apoyo y otros simplemente su respeto. Pero hubo una serie de comentarios de otras personas que me gustaría compartir con vosotros. Hubo gente que me advirtió sobre la actitud de los violentos: “ten cuidado, estos van a por todo el mundo”, me decían. Otros me advertían sobre las posibles represalias del nacionalismo institucional contra mí por participar en un partido de oposición, “aquí hay que ser nacionalista o no eres nada, así son las cosas” me decían. Y otros me invitaban directamente a dejar el PSE e irme a otros partidos de izquierdas menos arriesgados, “hay mas partidos de izquierdas, piensa en tu familia ¿y si te pasa algo?” me decían los últimos. Yo nunca tome en consideración estos comentarios.

Pero el comentario que quizás más me molestaba era el que dejaba ver que todo lo que hiciera era inútil, “aquí no tienes nada que hacer, la mayoría es nacionalista y eso no va a cambiar”. Pues para sorpresa de muchos, en las ultimas elecciones generales en Zalla sacamos 1400 votos, cuando nosotros nunca habíamos pasado el millar. Yo no sé que es lo que tienen que hacer los demás partidos para Zalla, para las Encartaciones o para Euskadi, lo que si sé es lo que tengo que hacer yo. Quizás sea insignificante, quizás nadie lo perciba mas allá de mi pueblo y quizás tampoco en mi pueblo, pero la realidad es que en Euskadi hay mucho que hacer y yo estoy dispuesto a hacerlo.