
"La juventud sabe lo que no quiere antes de saber lo que quiere." Jean Cocteau
Cuando el otro día hablé sobre el asunto de los disturbios griegos quería expresar, siquiera someramente, una idea que al parecer no está muy alejada de la realidad. Se dice hoy en día que nos encontramos ante la crisis financiera mas importante de la historia, que dará paso a una fuerte crisis empresarial, una fuerte crisis del trabajo obrero y al final una grave crisis política. Atentos que vienen curvas.
La cuestión griega es la primera de las reacciones que veremos en el ámbito social y político ante esta situación. No es casual que esa situación se haya dado en los ámbitos más jóvenes de la sociedad, y no en ámbitos obreros o industriales. Se ha constatado que la actual crisis es una crisis sistémica que afecta y afectará de forma más preocupante a los sectores más jóvenes de la sociedad.
En definitiva, lo que se esta empezando a cuestionar es la estructura misma del sistema democrático que nuestros mas directos ascendentes crearon después de la II Guerra Mundial (en España, después de la Dictadura). Alardean ellos, en foros de opinión publicada y en la vida común, de haber recibido golpes de los grises y de haber luchado en sindicatos y partidos por la democracia que ahora nosotros tímidamente empezamos a discutir.
El problema es que esa democracia que con tanto esfuerzo y sacrificio nuestros mayores contribuyeron a constituir, ha venido a instaurar un nuevo sistema jerárquico en el cual un joven solo puede hacer dos cosas: ser asimilado u oponerse. Convendrán conmigo que actualmente los sindicatos, partidos, empresas y demás estructuras sociales resplandecen por sus virtudes democráticas, por el trabajo cooperativo, por los debates abiertos, por su abnegación en la defensa de los derechos civiles y las posibilidades de renovación que ofrecen a la juventud en su seno. La perspectiva del actual sistema es tan maravillosa que un joven actual no puede hacer otra cosa que correr a afiliarse a un sindicato o a un partido en cuanto cumple la mayoría de edad para integrarse en un debate político y social abierto, sincero y estimulante. Irá a la universidad para estudiar con profesores abnegados, que cuenten con el alumno para cubrir nuevas metas culturales o científicas. Tras acabar la universidad puede buscar un trabajo acorde a su formación, cobrando un sueldo en consonancia con su condición humana, estimulado por las facilidades a la promoción laboral. Cuando obtenga ese trabajo siempre podrá acceder a una vivienda para formar una familia y vivir con dignidad, sin depender de pagar la mitad de su sueldo a unos señores que luego se lo gasten en Lehman Brothers o en vivir de las rentas inflando burbujas.
Ante un sistema tan magníficamente concebido, un joven puede encontrar cualquier posibilidad para prosperar en esta vida. El que proteste solo es un pobre antisistema marginal.
Me sorprende enormemente que haya columnistas de la opinión publicada que opinen lo contrario. Jean-Marie Colombani decía el otro día en Miedo al contagio griego (El País, 23 de diciembre de 2008 ):
“…hay un profundo malestar de la juventud.”
“El temor al estallido de un movimiento amplio existe pues tanto en París como en Roma y en Madrid.”
“… existen factores comunes que alimentan el profundo malestar de la juventud. En todas partes existe, en efecto, una especie de ruptura generacional.”
“…, hay un abismo entre el poder de compra de los asalariados de 50 años y el de los de 30. Hace tres décadas en Francia, la diferencia era del 15%; ahora es del 40%. En los países latinos se habla de mileuristas en referencia a unos salarios que son la única perspectiva de unos treintañeros diplomados a los que, precisamente, su diplomas hubieran debido garantizarles unos empleos mejores y mas cualificados.”
“A los jóvenes cada vez se les exigen mas diplomas para acceder al mercado laboral.”
“… no tiene otra perspectiva que aceptar trabajos subcualificados en relación a su nivel de estudios. A esto se añade la practica paralización de las oportunidades de ascenso social”
Antonio Elorza en Atenas, París, Madrid (El País, 27 de diciembre de 2008 ) dice:
“A lo largo del siglo XX la rebeldía juvenil en Europa ha respondido en sucesivas oleadas a la acción convergente de dos variables, de un lado las expectativas de movilidad social ascendente, lo que algunos sociólogos llamaron motilidad, y de otro, el contexto económico y social.”
“En estos momentos, la motilidad es cero,…”
Se nos dijo que estudiáramos, y estudiamos. Se nos dijo que trabajáramos y trabajamos. Se nos dijo que confiáramos en los sindicatos y empresarios, y confiamos. Se nos dijo que confiáramos en su democracia y confiamos. El sistema nos ha hecho a los jóvenes como somos, aunque no les guste ni a nuestros mayores ni a nosotros.
Así que el que quiera entenderlo que lo entienda, y el que no lo entienda siempre podrá seguir haciendo el ridículo hablando del botellón, que no le deja dormir ante la placidez con la cual sostiene su conciencia por habernos dado este magnífico sistema. Así que la pregunta no es si nosotros estamos dentro o fuera del sistema, sino donde quieren nuestros mayores que estemos.
Escrito por Alberto Alonso
Escrito por Alberto Alonso 
Escrito por Alberto Alonso
Comentario al libro “Abecedario (subjetivo) de la Globalización” de Ignacio Ramonet, Ramón Chao y Wozniak por Josu Montalbán





