Paro juvenil

4 Agosto 2009

España es el país de la Unión Europea con la tasa de paro juvenil más elevada. Si en el primer trimestre de 2008, era de 20,7%, en junio alcanzó el 36,5% frente al 19,6% de la media europea. En junio, dos de cada cinco nuevos parados fueron personas jóvenes, según un estudio de la Asociación de Grandes Empresas de Trabajo Temporal (Agett).

Desde el último trimestre de 2008, las posibilidades de que una persona joven encuentre un empleo se han reducido, mientras que la probabilidad de que queden en paro se ha duplicado. “Los jóvenes se han encontrado con que el mercado de trabajo está cerrado para ellos”, destaca el profesor de sociología de la UNED Antonio López.

Ana Requena Aguilar, anteayer en Público.


Diálogo social y gobierno

27 Julio 2009

-         ¿Es una sociedad igualitaria?

-          No, pero tiene que llegar a serlo.

-          ¿Con que medios piensan lograr estos objetivos?

-          Por ahora realizando un programa. Vamos a intensificar la política del legislativo y de reformas que nos acerquen más a nuestra idea. Queremos crear una economía fuerte y eficaz, dirigida, ante todo, a asegurar el pleno empleo. Una política dirigida a la democratización de la gestión económica. Dar mayor audiencia a los deseos sindicales. Protección y solución laboral para los trabajadores mayores y los “handicapados”. Intentamos una reforma social que facilite una mayor igualdad.

Extracto de una entrevista realizada por el periodista F. Vila para el diario Tele/eXprés a Olof Palme, primer ministro de Suecia, en 1970. El extracto proviene del libro de Ramón Miravitllas titulado ¿Pero quién mató a Olof Palme? (p.71) editado por La Patumaire Editions.

Dialogar es una cosa, gobernar otra.


Lo que no dice Fernández Ordóñez

9 Julio 2009

Miguel Angel Fernández Ordoñez, gobernador del Banco de España

Miguel Angel Fernández Ordóñez, gobernador del Banco de España

” Los ciudadanos tienen que saber que las propuestas ideologizadas del gobernador del Banco de España no le convienen a la inmensa mayoría de la población y que, además, no inciden en los verdaderos problemas de la economía española. Los problemas del mercado de trabajo español, que crea mucho empleo en épocas de crecimiento pero tan precario que enseguida lo destruye cuando se ralentiza el crecimiento, no se resuelven disminuyendo los salarios, eliminando derechos laborales o aumentando el poder de negociación de las empresas. Así, como proponen los grupos oligárquicos de los que actúa como vocero el gobernador, lo que se logra es consolidar un modelo de competitividad basada en la mano de obra barata que está condenado al fracaso, no solo porque nos empobrece cada vez más sino porque siempre habrá otro países que pueda situarse por debajo de nuestros niveles salariales.

¿Por qué no dice el gobernador que nuestra productividad lleva estancada quince años y de que para salir de esa situación lo que se necesita es un capital humano más preparado, más capital social y mejores infraestructuras que requieren más gasto público, como nos demuestra la experiencia de los países más avanzados que el nuestro? ¿No le resulta significativo al gobernador que el país que más empleo destruye sea justamente el único de la OCDE en donde bajaron los salarios reales de 1995 a 2005? ¿Por qué no habla Ordóñez de que las exportaciones de alta tecnología española solo representaban en 2006 el 4,96% del total, frente al 16,65% de la UE-27 y que para darle la vuelta ese problema habría que multiplicar el gasto en educación y en I+D+i?

¿Y cómo es que el gobernador no cae en la cuenta de que los países europeos más competitivos tienen una flexibilidad que no es precisamente la que aquí se propone y mucha más protección social? Como mira a otro lado no puede preocuparse, qué casualidad, de que nuestra tasa de abandono escolar sea caso tres veces más alta que la de la U-27, lo que sí constituye un lastre decisivo para nuestro mercado laboral, o de que nuestro porcentaje de gasto en protección social, cuya suficiencia sería fundamental para reformar sin pérdida de bienestar el mercado de trabajo, esté a seis puntos de dicha media? “

Juan Torres López en Sin permiso


¿Refundar el capitalismo?

26 Noviembre 2008

Resulta miserable la renuencia con que las derechas del Mundo renuncian a refundar (revisar o reformar, tanto da) el capitalismo. Recientemente el diputado del PP, Lassalle, firmaba un artículo titulado En defensa del mercado, cuyo único objetivo era revalidar el capitalismo, loar al mercado y desacreditar a quienes pensamos que la crisis que tanto nos preocupa debiera hacernos recapacitar en torno al modelo imperante y al sistema político que han propiciado esa crisis. Da la impresión de que la debacle financiera, de la que ha derivado la profunda crisis que nos aflige, ha venido propiciada por un limbo desideologizado que es patrimonio de todos, que es tanto como decir que no lo es de nadie. Por eso el diputado Lassalle se esmera en preparar su análisis con una más cara protectora ante sí: “La crisis financiera internacional exige de los políticos democráticos sensatez en sus análisis”.

Quien quiera analizar la situación crítica que nos atenaza con sensatez ha de fijar todos sus recelos en el capitalismo, más aún en ese capitalismo despiadado y caótico que han venido desarrollando en los últimos tiempos los liberales de última generación, es decir los neoliberales. Ya nadie puede negar que la crisis ha empezado a expulsar gente al desempleo, ha encarecido las hipotecas hasta hacerlas impagables para muchos, ha hundido el mercado inmobiliario sembrando quiebras y suspensiones de pago, ha rebajado el consumo hasta cotas ínfimas y ha atemorizado a todos. Y aunque todo esto ha acontecido en plena vigencia del sistema capitalista, Lassalle advierte interesadamente: “nadie con un mínimo de sentido común puede abordar la gestión de este escenario  adoptando la actitud demagógica de querer saldar cuentas con la economía de mercado y sus fundamentos liberales”. Sin embargo, es precisamente el sentido común el que nos ha de llevar a responsabilizar y culpabilizar al capitalismo. ¿Por qué no revisarlo?

Las tesis que el señor Lassalle y otros liberales teóricos sostienen son asumibles incluso por socialdemócratas moderados, reminiscentes de aquella socialdemocracia que creía posible y bueno alcanzar los objetivos del socialismo sin tener que recurrir a procesos revolucionarios violentos. Pero el paso del tiempo y la desidia de quienes debieran haberle  preservado de sus posibles abusos, ha convertido al capitalismo que impera en la mayor parte del Mundo  en un gran bazar que debe alcanzar los máximos beneficios para quienes lo han propiciado, y debe mantenerse cueste lo que cueste. Por eso la visión liberal que expone Lassalle no se corresponde para nada con el comportamiento de los liberales (neoliberales) que gobiernan el mundo. En contra de cuanto afirma Lassalle, no está nada claro que el liberalismo “proteja las libertades civiles”, ni individuales ni sociales. Y además basta con constatar la realidad para advertir que la libertad económica propia del liberalismo “académico” se convierte en el libertinaje depredador propio de los neoliberales con suma facilidad, quizás porque las leyes y normas que deben regularlo son excesivamente laxas.

“Los liberales siempre han reclamado, ya sea en tiempo de crisis o de bonanza, que se confíe en el poder de una economía libre para dar oportunidades de prosperidad al conjunto de los ciudadanos”, ha escrito Lassalle. Pero la lectura de la actual crisis permite ver como los ciudadanos más humildes sufren dolorosamente sus consecuencias (desempleo, pobreza, inestabilidad y provisionalidad de sus vidas, etc), mientras las élites formadas por los directivos de las empresas provocadoras y también paganas de la crisis (Lehman Brothers, AIG, Barclays Bank, UBS, Deutsche Bank, HBOS, todas ellas empresas que han acudido a pedir auxilio a sus gobiernos), se autoliquidan utilizando para ello cantidades de dinero astronómicas procedentes de los últimos restos del naufragio de sus empresas. Por eso resulta cuando menos matizable que Lassalle, recurriendo a textos teóricos de intelectuales liberales propugna que “el Estado no solo debe impedir que se desborde la legalidad sino que ha de fijar cauces de redistribución de la prosperidad que garanticen a todas las personas un nivel digno de bienes en educación, renta y sanidad”. Está muy bien, pero en la práctica el capitalismo se ha entregado a comportamientos avaros y codiciosos procedentes de capitalistas especuladores que van a dejar en manos de los Estados la solución o atenuación de problemas que aquejan a hordas de ciudadanos depauperados que reclaman de sus gobiernos la protección y ayuda ante un sistema (el capitalista) que les devora y les supera.

Desde luego que no parece que estemos en tiempos en los que vayamos a pergeñar un nuevo sistema que sustituya al capitalismo. Los prohombres y promujeres del G-20 tampoco lo han juzgado conveniente en su reunión de Washington de mediados de noviembre, programada para buscar una solución a la crisis financiera. Pero de ahí a negar que sea necesaria una revisión del capitalismo va un abismo que es preciso llenar. ¿A qué temen los capitalistas, liberales o no? Si la socialdemocracia sustituyó al socialismo en el Mundo desarrollado fue porque estaba admitiendo el capitalismo y la economía de mercado como verdades casi absolutas. Ese fue, probablemente, un error importante y decisivo del socialismo ( de una parte de él, que renunció a combatir con contundencia al capitalismo y a sus excesos). Pero si admitimos que el capitalismo comete excesos muy perversos para los ciudadanos, sin que sus impulsores y protagonistas sean castigados por ello, habremos de convenir que el capitalismo debe ser incluso refundado. De esta crisis provocada por depredadores capitalistas y neoliberales de salón habrá que sacar conclusiones y enseñanzas. Una, la más importante, es que se debe fijar cuál ha de ser el papel del Estado y cuál ha de ser el momento en que actúe.

El Estado debe dejar de ser un mero policía o un bombero. Como mínimo ha de ser un auditor del capitalismo en constante ejercicio de sus funciones. Y también debe ser un maestro, un predicador que advierta de la maldad de sus excesos. Pero esto debe formar parte de los tratados del mismo modo que forma parte de los debates intelectuales y de las discusiones en las salas de conferencias o los diarios. Si el socialismo llamado real fue fumigado al constatar sus fracasos, el capitalismo debiera también protegerse de la posible y merecida fumigación. Seremos, una vez más, los socialistas modernos y los socialdemócratas los que le salvemos, pero obedece a una actitud demasiado soberbia negar a pie juntillas que el capitalismo necesita una revisión urgente, en suma, que precisa una refundación.

Fdo. JOSU MONTALBAN

es diputado socialista por Vizcaya


La última broma

3 Octubre 2008