En una ocasión en la Universidad, un profesor que nos había dado clase durante todo un semestre, nos dijo al final de curso que tenía la sensación de que no habíamos recibido de él en las clases el conocimiento por el que habíamos pagado por estar allí. La verdad es que el gesto le honró (tenía razón), a pesar de que no era tan mal profesor como él pensaba. Pero la verdad es que, en muchas ocasiones, teníamos la sensación de que ir a clase era hacer acto de presencia con un busto parlante delante que lo único que generaba en nosotros era somnolencia.
Y esto viene a cuento porque hoy aparece en El País una entrevista con Spencer Kagan, politólogo y psicólogo clínico, experto en la llamada pedagogía del aprendizaje cooperativo. El sistema se basa en la interacción de los alumnos en clase a través de unas estructuras que el profesor diseña propiciando la participación del alumno en el aula. Estoy de acuerdo con él en que hoy se educa al alumno para el pasado, como dice en la entrevista:
Hoy las clases se desarrollan con un profesor que da una lección mientras toda el aula escucha en silencio. Lo cual, aparte de aburrido, desaprovecha las habilidades y modos de inteligencia de cada uno. Un tipo de estructura muy básica, y también extendida, es la del profesor que plantea una pregunta y pide que levanten la mano quienes la sepan contestar. Pero es una estructura muy poco participativa, porque de ese modo sólo responderá un alumno o, si se equivoca, puede que dos.
Se les ha acusado de que este sistema solo puede aplicarse en grupos pequeños, cuando muchas aulas están saturadas. Pero parece que los experimentos están siendo positivos. Así que el sistema se basa en esto:




3 Junio 2008 a las 9:22 am |
Soy extremadamente crítico con el sistema educativo actual, precisamente por la incapacidad para potenciar, permitir el desarrollo e incluso, hacer sentirse valoradas a las personas talentosas, ya que su único objetivo (y en esto entran una serie de intereses comunes con administración y empresariado) es crear gente sumisa y sin iniciativa (que no susceptible de crear problemas), dispuesta a renunciar a su condición de persona y aceptar ser un número.
No obstante, estos métodos de enseñanza “vanguardistas”, pese a compartirlos en el fondo, me producen muy mala espina, los veo tan elitistas, tan… “iluminados”, que no me gustan, no me gustan nada. No me inspiran confianza.
3 Junio 2008 a las 11:17 am |
Yo también soy un poco receloso a las técnicas pedagógicas vanguardistas, porque una cosa es la teoría de los pedagogos y otra la practica del docente en el aula. Pero si creo que son instrumentos que al docente le pueden servir en su caso para intentar acercarse a una realidad donde el alumno sea mas participativo.
Quizás sea un objetivo ideal, sobretodo en España, donde el sistema educativo es bastante deficiente según mi opinión, por entre muchas cosas, el desamparo del docente.
3 Junio 2008 a las 11:25 am |
Cuando mencionas “el desamparo del docente”, te refieres, deduzco, en la educación obligatoria, ¿no? Porque si ese es el problema en la educación obligatoria, en la post-obligatoria es, desde luego, justamente el contrario: la omnipotencia de unos docentes autocomplacientes sin demasiada capacidad (generalmente “rebotados” de otras actividades profesionales, o peor aún, sin bagaje profesional alguno), voluntad ni vocación.
3 Junio 2008 a las 3:13 pm |
Pues si me refería a la educación obligatoria. Es evidente que en las universidades el problema tambien son los docentes, pero en sentido contrario. Pero a mi siempre me han dicho que los profesores se dedicaban fundamentalmente a la investigación…
3 Junio 2008 a las 4:18 pm |
¡Jajajajajajaja! Sí, investigación con las pelotillas del ombligo, ese que no acostumbran a parar de mirarse.
Un saludo.